Tierras fértiles llenas de vida, llanos donde el cuatro y
las maracas son costumbre, montañas, donde una buena pizca andina no cae mal. Playas
llenas de bellezas, de un agua templada. Sabanas infinitas, bosques
inexplorados. Gente animada y dispuesta a recibir a quien sea, no importa si es
gringo, portugués o inglés. Las puertas abiertas a aquellos que no conocen el
calor de un pueblo, que sin conocerse, se saluda en las calles. Gente que se
abraza cuando hay momentos de dolor, gente que lucha cuando hay momentos difíciles.
Convivimos en un país donde todo es el caos, belleza y una guerra entre rojos y
azules. Donde la bandera se defiende, donde la nobleza es ley.
El venezolano se siente orgulloso de ser de una tierra
rica, pero a la vez tan pobre. El conformismo ha consumido nuestra chispa, el régimen
se ha llevado nuestras sonrisas. Han arrasado con nuestros víveres, nos han
arrancado el derecho de salir a la calle a la hora que sea, por miedo a que te
maten. Han deshonrado a Bolívar, han deshonrado a la patria. La paz es un
derecho que a los venezolanos, desde hace ya quince años, se nos ha sido negado
y arrebatado. Donde el derecho a ver lo que quieres ver, ha ido despojado de la
manera más cruel e impune.
No quiero perder a mi patria, no quiero ponerle un rostro
a las miles de personas que han muerto a manos del hampa. A las personas que
hacen las colas, y no consiguen comida, basta ya.
No hay nada más triste que pensar en irse, no hay nada más
triste que dejar a la patria en manos de incompetentes ladrones. Quisiera que
esto acabara, tengo fe en ello y espero que así sea.
Solo es un comentario bien sentido, de una venezolana
triste.
También, dedico esto a Mónica Spear, su hija Maya y su
esposo. Además de todas es personas que han muerto.
Grecia Martins