miércoles, 22 de enero de 2014

Venezuela, vuelve

Tierras fértiles llenas de vida, llanos donde el cuatro y las maracas son costumbre, montañas, donde una buena pizca andina no cae mal. Playas llenas de bellezas, de un agua templada. Sabanas infinitas, bosques inexplorados. Gente animada y dispuesta a recibir a quien sea, no importa si es gringo, portugués o inglés. Las puertas abiertas a aquellos que no conocen el calor de un pueblo, que sin conocerse, se saluda en las calles. Gente que se abraza cuando hay momentos de dolor, gente que lucha cuando hay momentos difíciles. Convivimos en un país donde todo es el caos, belleza y una guerra entre rojos y azules. Donde la bandera se defiende, donde la nobleza es ley.
El venezolano se siente orgulloso de ser de una tierra rica, pero a la vez tan pobre. El conformismo ha consumido nuestra chispa, el régimen se ha llevado nuestras sonrisas. Han arrasado con nuestros víveres, nos han arrancado el derecho de salir a la calle a la hora que sea, por miedo a que te maten. Han deshonrado a Bolívar, han deshonrado a la patria. La paz es un derecho que a los venezolanos, desde hace ya quince años, se nos ha sido negado y arrebatado. Donde el derecho a ver lo que quieres ver, ha ido despojado de la manera más cruel e impune.
No quiero perder a mi patria, no quiero ponerle un rostro a las miles de personas que han muerto a manos del hampa. A las personas que hacen las colas, y no consiguen comida, basta ya.
No hay nada más triste que pensar en irse, no hay nada más triste que dejar a la patria en manos de incompetentes ladrones. Quisiera que esto acabara, tengo fe en ello y espero que así sea.
Solo es un comentario bien sentido, de una venezolana triste.
También, dedico esto a Mónica Spear, su hija Maya y su esposo. Además de todas es personas que han muerto.

Grecia Martins